Príncipe Azul
Recuerdo haber crecido viendo películas de amor, de princesas, de superhéroes y, por supuesto, un poco de drama en las novelas infantiles de Televisa. Todas esas historias tenían algo en común: el famoso “felices para siempre”.
Así que, como muchas niñas, crecí imaginando a mi príncipe azul. ¿Quién sería? ¿Con quién me casaría? ¿Con quién tendría esa historia que siempre terminaba bien?
Cuando conocí a mi supuesto “príncipe azul”, estaba muy ilusionada. Sentía que por fin estaba viviendo esa historia que tantas veces había visto en las películas. Pero con el tiempo algo empezó a hacer corto circuito. No era como en los cuentos… o bueno, tal vez sí se parecía un poco a esas películas donde las emociones se mezclan y aparecen todas al mismo tiempo.
Era como si dentro de mí viviera una versión de Intensamente: amor, ansiedad, miedo, inseguridad, apoyo, nobleza, gratitud, diversión, felicidad, tristeza… y muchas otras emociones de las que las películas casi no hablan.
Porque hay emociones que solo se entienden cuando las vives. Y algunas de ellas, al final, te enseñan algo muy importante: que ese lugar que imaginabas como tu final feliz, en realidad no es tu lugar feliz.
Lo que pasa después de una historia así tampoco viene en las películas. Nadie habla mucho de lo que significa volver a empezar después de haber despertado a una nueva conciencia. Pero empezar de nuevo siempre toma tiempo.
Y en ese tiempo vuelven a aparecer emociones. Algunas te hacen sentir libre, ligera, como si respiraras de nuevo. Otras llegan para tocar fondo y obligarte a mirar hacia dentro. Todo depende de lo que vaya apareciendo en tu vida.
En ese camino también pueden aparecer otros “príncipes azules”, aunque de una forma distinta. Tal vez te devuelvan un poco de ilusión, la magia, confianza pero también pueden tocar esos miedos e inseguridades que ahora se sienten más fuertes. Porque el cuerpo tiene memoria, y recuerda lo que no quiere volver a vivir.
Por eso abrir el corazón otra vez puede ser difícil. Te vuelves más cautelosa, más consciente.
Pero hay algo muy importante que sucede en medio de todo esto: empiezas a encontrarte contigo. Descubres partes de ti que no conocías. Reconoces tu fuerza, tus límites, tu valor.
Y encontrarte a ti misma es algo que nadie puede quitarte.
Hoy no niego que me gustaría experimentar una relación bonita y sana y que también me llena de ilusión. Claro que sí. Pero también entendí algo fundamental: si estoy bien conmigo, si estoy de mi lado, entonces ya tengo al príncipe azul más importante.
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